ENTRE LA CONSOLIDACIÓN Y EL DECLIVE: EVOLUCIÓN DEL SECTOR HOTELERO DE MAZATLÁN BAJO EL MODELO DE CICLO DE VIDA DE LAS ÁREAS TURÍSTICAS

 

Resumen

Los destinos turísticos evolucionan de forma dinámica ante los desafíos que las transformaciones actuales demandan. El objetivo de este artículo es analizar el ciclo de vida del sector hotelero de Mazatlán, México para identificar las etapas de desarrollo. A través de un enfoque mixto, con datos secundarios de ocupación y cuartos disponibles se realizó un análisis de conglomerados con el método de K-medias para el periodo 1967–2023, contrastados con otros indicadores del destino como la estadía promedio, la categoría de los cuartos y expansión de la oferta extrahotelera. Los resultados muestran que el sector hotelero ha transitado por diferentes etapas algunas de forma intermitente, aportando evidencia empírica sobre la no linealidad del TALC, de 2021 a 2023 este sector se identifica en consolidación, en contraste con los otros indicadores señalan transformaciones estructurales en el sistema de alojamiento del destino relacionadas con etapas de post-estancamiento.

 

Palabras clave: Ciclo de vida del destino turístico; Gestión del turismo; Sector hotelero; Destino costero; Mazatlán.

 

BETWEEN CONSOLIDATION AND DECLINE: THE EVOLUTION OF THE HOTEL SECTOR IN MAZATLÁN THROUGH THE LIFE-CYCLE MODEL OF TOURIST AREAS

Abstract

Tourist destinations evolve dynamically in response to the challenges posed by current transformations. The aim of this article is to analyze the life cycle of the hotel sector in Mazatlán, Mexico, to identify its development stages. Using a mixed-methods approach, secondary data on occupancy and available rooms were used to conduct a cluster analysis with the K-means method for the period 1967–2023. These data were compared with other destination indicators such as average length of stay, room category, and expansion of non-hotel accommodation. The results show that the hotel sector has gone through different stages, some intermittently providing empirical evidence of the non-linearity of TALC model. From 2021 to 2023, the sector is identified as being in a consolidation phase. In contrast, other indicators point to structural transformations in the destination’s accommodation system related to post-stagnation stages.

 

Keywords: Tourism area life cycle; Tourism management; Hotel sector; Coastal destination; Mazatlán.

 

1. Introducción

El desarrollo turístico de los destinos de sol y playa ha sido objeto de atención constante por parte de investigadores y gestores, debido a su marcada dependencia de factores económicos, sociales y ambientales (Sharpley, 2002) tanto endógenos como exógenos que inciden en su evolución (Butler, 1980; 2011; 2024a). En este contexto, comprender las dinámicas evolutivas que incluyen la implicación, desarrollo, la madurez y posible declive de un destino resulta fundamental para una gestión turística más informada, estratégica y sostenible (Agarwal, 2002; Hall y Page, 2014).

 

Uno de los enfoques más influyentes para explicar este proceso es el modelo del ciclo de vida de las áreas turísticas (Tourism Area Life Cycle, TALC), propuesto por Butler (1980). Este modelo plantea que las áreas turísticas atraviesan una serie de etapas (exploración, implicación, desarrollo, consolidación, estancamiento y, eventualmente, declive o rejuvenecimiento) en respuesta al crecimiento de la demanda, la oferta, la infraestructura y los impactos socio territoriales asociados al turismo.

 

Posterior a su propuesta, este modelo ha sido utilizado no sólo para el estudio de destinos, sino también de diversas unidades de análisis vinculadas al turismo (Haywood, 2006), tales como mercados turísticos (Aledo y Mazón, 2004; Tomljenovic y Getz, 2009); empresas familiares en el turismo (López-Chávez, 2022; López-Chávez y Maldonado-Alcudia, 2022, 2024) negocios en zona turística (Sonda et al., 2018) y el sector hotelero en destinos costeros (Dorta, 2016; Rodríguez y Conejero, 2011; Vera et al., 2011). La aplicación de este marco permite identificar la etapa actual de un destino o unidad de análisis específica del turismo (Haywood, 2006) proporcionando información relevante para la planificación estratégica y la formulación de políticas públicas (Butler, 2006, 2024b; Cooper y Hall, 2008).

 

A pesar de la amplia aplicación del modelo TALC a nivel mundial como en destinos turísticos mexicanos (Capote y Enríquez, 2023), la mayoría de los estudios ha centrado su análisis en el destino como unidad agregada, empleando principalmente indicadores de demanda como llegadas de turistas. Sin embargo, existe una limitada evidencia empírica sobre la aplicación del modelo al sector hotelero como unidad específica de análisis, particularmente en destinos costeros maduros y en periodos recientes caracterizados por la expansión de la oferta extrahotelera y crisis de diversa índole.

 

La relevancia del sector hotelero dentro de la cadena de valor del turismo internacional se sostiene en sus implicaciones territoriales, pues de los actores involucrados, el sector del hospedaje es el más anclado al territorio, e interviene en el modelo de desarrollo espacial de los destinos (Jiménez, 2008; López, 2022). De ahí la importancia de estudiar su evolución en el ciclo de vida y que la identificación de la etapa de desarrollo sea de utilidad para los actores involucrados.

 

Mazatlán es un destino costero tradicional ubicado en el noroeste del Pacífico mexicano, el cual ha experimentado transformaciones en su infraestructura hotelera, atractivos turísticos y perfil de demanda. Sin embargo, la acelerada urbanización, el incremento de la oferta de alojamiento extrahotelera y los desafíos vinculados a la sostenibilidad (Aguilar et al., 2025; Brito y Cànoves, 2019; Ceballos, 2021) han generado interrogantes sobre la etapa de desarrollo en la que se encuentra actualmente su planta hotelera (López-Chávez, 2022).

 

Aunque investigaciones previas han analizado la evolución de Mazatlán como destino turístico bajo el modelo TALC, sus aproximaciones son divergentes. Mientras que un estudio identifica una etapa de estancamiento basada en la correlación entre llegadas de turistas y crecimiento poblacional (Barbosa y Santamaría, 2006), una aportación más reciente sugiere un rejuvenecimiento mediante el uso de modelos de regresión lineal aplicados a la afluencia de turistas (Alcalá, 2022). Si bien ambas contribuciones son valiosas, su dependencia de indicadores univariados y agregados tienden a simplificar dinámicas sectoriales más complejas. Esto lleva a plantear la pregunta de investigación ¿Cómo se manifiesta el ciclo de vida del sector hotelero en un destino maduro como Mazatlán y qué implicaciones tiene el uso de distintos indicadores para la identificación de su etapa de desarrollo?

 

Este artículo propone superar el análisis descriptivo tradicional mediante un estudio longitudinal multivariado de carácter mixto. Siguiendo la recomendación de Haywood (2006) se adopta al sector hotelero como unidad de análisis específica, permitiendo identificar dinámicas evolutivas que suelen quedar ocultas cuando se aborda el destino de forma agregada. Para ello, se emplea el análisis de clúster, técnica cuya utilidad ha sido demostrada en investigaciones recientes del modelo TALC (Juárez et al., 2022; McKercher y Wong, 2021; Navarro-Navarro et al., 2024) por su capacidad para establecer umbrales de cambio de fase con mayor rigor estadístico. A eso se suma la interpretación conjunta de otros indicadores sectoriales (como la estadía promedio, la composición de la planta hotelera y la expansión de modalidades de alojamiento asociadas al desarrollo inmobiliario), con el fin de contextualizar los patrones identificados y ofrecer una comprensión más integral de la evolución reciente del sector.

 

En consecuencia, el objetivo central es analizar la evolución del sector hotelero de Mazatlán a partir del modelo de ciclo de vida de las áreas turísticas mediante un análisis longitudinal de conglomerados y evaluar cómo distintos indicadores influyen en la interpretación de su etapa de desarrollo reciente.

 

2. El modelo del ciclo de vida para el sector del hospedaje

El modelo de Butler (1980) ha sido uno de los marcos más influyentes en el estudio del desarrollo turístico. Propone que los destinos turísticos evolucionan a través de diferentes etapas: exploración, implicación, desarrollo, consolidación, estancamiento y declive o rejuvenecimiento. Cada fase se caracteriza por cambios en la afluencia de turistas, en la inversión, en la participación de los residentes, en la oferta, infraestructura y en los impactos ambientales y socioculturales (Butler, 1980, 2006, 2011 y 2024b).

 

Desde el surgimiento de este modelo, numerosas aportaciones han discutido su aplicabilidad (Butler, 2011; 2024b); entre las contribuciones más relevantes se encuentran la de Haywood (2006) quien señala la necesidad de especificar la unidad de análisis dentro del área turística; la de Hovinen (1982) que ubica la coexistencia de diversas etapas en un mismo destino, denominándolo madurez, que inicia cuando termina el rápido crecimiento de visitantes, y Agarwal (1994) que identifica una fase de reorientación entre las etapas de desarrollo y post-estancamiento, que incluye los cambios generados por los gestores del destino para volverlo competitivo (López, 2011; Soares et al., 2012).
Múltiples estudios alrededor del mundo han aplicado este modelo (Gore et al., 2024), en la última década los estudios en destinos costeros consolidados de España y México destacan en cantidad (Capote y Enríquez, 2023) debido a la importancia de analizar el comportamiento del desarrollo en etapas post-estancamiento o madurez.

 

El uso de indicadores como llegadas, ocupación, cuartos disponibles y estadía promedio son de los más utilizados, aunado a la integración de datos cualitativos para fortalecer su interpretación. La literatura reconoce que el aumento en la afluencia puede no significar mayores beneficios económicos, pero sí un aumento en los costos ambientales y sociales (Osorio et al., 2019; Sánchez et al., 2019; Soares et al., 2012), esto sucede sobre todo en destinos de litoral maduros masificados que tienen que disminuir sus precios para mantener los flujos de turismo. La estadía promedio está asociada con el comportamiento de la demanda a nivel destino, aunque se retoma con base en registros de hospedaje, se asocia a la competitividad del destino en cuanto a mercados, diversidad de actividades y conectividad.

 

La categoría de los cuartos de hospedaje refleja aspectos de la estructura del sector hotelero en cuanto a nivel de inversión, procesos de renovación, atención a las demandas actuales de calidad, sostenibilidad y tecnología a través de certificaciones, diversificación de servicios y enfoque en nichos de mercados (Dorta, 2016; Vera et al., 2011).

 

La oferta extrahotelera se vincula con el desarrollo inmobiliario (Aledo y Mazón, 2004) y es un indicador entre el destino y el sistema de alojamiento, porque incluye turismo residencial, condominios turísticos, alquiler vacacional y desarrollos inmobiliarios-turísticos, en donde su evolución indica una transformación en el sistema de alojamiento del destino.

 

En el contexto latinoamericano, diversos estudios han documentado que en destinos consolidados el crecimiento del alojamiento no tradicional y del desarrollo inmobiliario residencial constituye un rasgo característico de fases avanzadas del ciclo de vida turístico. En Cancún, los negocios con mayor dinamismo en la zona de playas corresponden a casas y departamentos destinados a renta vacacional, evidenciando una transición hacia modalidades extrahoteleras que reconfiguran la estructura de la oferta (Sonda et al., 2018). Lo mismo se documenta en Puerto Vallarta (Virgen, 2009) donde los indicadores de la oferta hotelera se estabilizan y los de las segundas residencias y condominios continúan en aumento.

 

De manera similar, en Ixtapan de la Sal el desarrollo inmobiliario opera como mecanismo de reconversión del producto turístico, impulsando la inversión en construcción, aunque sin mejoras proporcionales en la calidad del empleo y con transformaciones sociodemográficas relevantes (Sánchez et al., 2019), en línea con lo señalado para destinos maduros donde el aumento de flujos no necesariamente se traduce en mayores beneficios estructurales (Soares et al., 2012).

 

Asimismo, en Ixtapa-Zihuatanejo se observa la coexistencia de indicadores asociados a crecimiento, estancamiento y declive, confirmando la simultaneidad sectorial planteada por Hovinen (1982); en este caso, la superficie destinada a uso residencial supera a la hotelera, consolidando segundas residencias y tiempo compartido, mientras variables como estadía promedio y precios muestran desgaste competitivo (Osorio et al., 2019). En Bahías de Huatulco, el análisis de la ocupación hotelera y estrategias de actores permite ubicar al destino en una fase de reorientación que demanda esfuerzos de revitalización para evitar un estancamiento prematuro (López, 2011).

 

Estos hallazgos sugieren que el incremento de la oferta extrahotelera y la intensificación inmobiliaria en destinos costeros maduros constituyen manifestaciones estructurales de etapas post-estancamiento reflejado en una pérdida de competitividad del sector tradicional, este un fenómeno consistente con las dinámicas observadas en el litoral español (Dorta, 2016; Vera et al., 2011). Al respecto, Dorta (2016) señala que, aunque la hotelería ha realizado esfuerzos de modernización física, estos han sido insuficientes al no integrarse plenamente con procesos de innovación y certificaciones de sostenibilidad. Ante este escenario, se plantea que la planta hotelera no sólo requiere una renovación de su infraestructura, sino una reorientación estratégica del producto hacia conceptos especializados y mercados de mayor gasto promedio (Vera et al., 2011).

 

De acuerdo con la literatura, en la tabla 1 se sintetizan las características de las etapas del ciclo de vida asociadas al sector del hospedaje.

 

Tabla 1. Etapas del ciclo de vida enfocado en el sector de hospedaje

Fuente: Elaboración propia con base en autores (Butler, 1980; Comisión Europea, 2004; Dorta, 2016; Osorio et al., 2019; Vera et al., 2011)

 

En esta investigación se retoma el modelo TALC como base teórica para analizar la evolución del sector hotelero en Mazatlán mediante un enfoque longitudinal basado en análisis de conglomerados, integrando al análisis indicadores como la estadía promedio, la calidad de los cuartos y la oferta extrahotelera con el fin de contextualizar y discutir su etapa reciente de desarrollo.

 

3. Metodología

La investigación sigue un enfoque metodológico mixto de carácter longitudinal. En una primera etapa se recurrió a la técnica documental para la revisión y análisis de fuentes históricas relacionadas con el desarrollo turístico de Mazatlán, específicamente a la evolución de la oferta de hospedaje durante las primeras décadas del siglo XX y hasta principio de la década de 1990. Esta revisión permitió contextualizar las etapas iniciales de involucramiento y desarrollo, identificadas a partir de la literatura histórica disponible.

 

En una segunda etapa se realizó el análisis de información estadística secundaria con datos de la Secretaría de Turismo en México a través del Sistema de Información del Sector Turístico DATATUR y el Compendio Estadístico de Turismo en México (SECTUR, 2016; 2024). A partir de estas fuentes se recabaron series históricas de los principales indicadores turísticos del destino para el periodo más reciente disponible, particularmente aquellos relacionados con el comportamiento del sector hotelero.

 

Para el análisis cuantitativo y la identificación de patrones evolutivos del sector hotelero se utilizaron los registros correspondientes al periodo de 1967 a 2023, considerando la disponibilidad de datos estadísticos consistentes desde de este año. Con ellos, se empleó un análisis de conglomerados mediante el método de K-medias, una técnica de clasificación no supervisada que permite agrupar observaciones (años, en este caso) con base en similitudes multivariadas. Este procedimiento ha sido utilizado recientemente en investigaciones aplicadas al modelo TALC para identificar patrones temporales en la evolución de destinos turísticos (McKercher y Wong, 2021; Navarro-Navarro et al., 2024).

 

Para el análisis de conglomerados se seleccionaron dos variables representativas del comportamiento del sector hotelero: el número anual de cuartos disponibles y el porcentaje de ocupación hotelera. Ambas variables fueron tipificadas (Z-score) para garantizar la comparabilidad, eliminando el sesgo por diferencia de escalas. El número de conglomerados (K = 4) se definió con base en la inspección previa del dendrograma generado en el análisis jerárquico exploratorio, así como en consideraciones teóricas asociadas al modelo del ciclo de vida del destino (Butler, 1980).

 

El análisis fue realizado en SPSS v.28 y arrojó cuatro conglomerados diferenciados a partir de las medias estandarizadas de las variables consideradas. Estos grupos reflejan patrones característicos en la evolución del sector hotelero del destino, asociados a distintos niveles de expansión de la oferta y de la ocupación.

 

Con el fin de contextualizar los resultados obtenidos mediante el análisis de conglomerados, se incorporó adicionalmente el examen de otros indicadores relevantes del destino. En particular, se analizó la evolución de la estadía promedio de los visitantes y de la categoría de cuartos de hospedaje para el periodo 1992-2023, así como la expansión del desarrollo inmobiliario turístico desde mediados de la década de los 2000. Estos indicadores no fueron incluidos en el procedimiento de la agrupación, sino que se emplearon como elementos de interpretación complementaria que permiten comprender transformaciones estructurales en la dinámica del alojamiento y en el comportamiento de la demanda turística.

 

La combinación de estas estrategias analíticas permitió construir una lectura longitudinal de la evolución del sector hotelero en Mazatlán, integrando la identificación de patrones estadísticos mediante el análisis de conglomerados con la interpretación contextual de los indicadores asociados al destino turístico.

 

4. Resultados

Los centros de conglomerados o clúster representan el valor promedio de cada grupo, basado en las variables estandarizadas (z-score) de cuartos disponibles y ocupación promedio desde 1967 a 2023. Cada conglomerado agrupa años que se parecen entre sí en cuanto a estos indicadores. Los valores están tipificados, esto es, que se identifica un promedio general =0, los valores positivos están arriba del promedio y los negativos por bajo. Así se identificaron cuatro diferentes etapas en el ciclo de vida (Ver tabla 2).

 

Para la identificación de las etapas se compararon los clústers con la teoría de Butler (1980) y otros estudios que se han enfocado en el análisis del ciclo de vida de Mazatlán, como destino turístico (Alcalá, 2022; Barbosa y Santamaría; 2006).

 

Tabla 2. Clúster y etapas del ciclo de vida

Fuente: Elaboración propia con base en datos de autores (Barbosa y Santamaría, 2006; Santamaría, 2005 y 2009) y DATATUR (SECTUR, 2016; 2024).

 

Figura 1. Etapas del ciclo de vida en el sector hotelero de Mazatlán

Fuente: Elaboración propia con base en datos de autores (Barbosa y Santamaría, 2006; Santamaría, 2005 y 2009) y DATATUR (SECTUR, 2016; 2024).

 

Etapa de Involucramiento. La industria hotelera de Mazatlán inicia su etapa de involucramiento en 1923, año en que abre sus puertas el primer hotel frente al mar, el Belmar. Anterior a este, ya se identificaban otros medios de hospedaje en la ciudad, pero el hotel Belmar, por su localización en el Paseo Olas Altas de frente al Océano Pacífico y elementos arquitectónicos de lujo se consideró el primero dirigido a visitantes del Puerto, especialmente aquellos de un nivel socioeconómico alto (Santamaría, 2009).

 

En años posteriores a su apertura, se presentaron conflictos bélicos mundiales que afectaron la economía internacional, y aunque a nivel nacional se presentó una apertura al impulso del turismo con la creación del primer comité Pro-Turismo (antecedente de la actual Secretaría de Turismo), Mazatlán no se vio favorecido por las gestiones de este comité sino hasta después de los años cincuenta.

 

Finalizada la Segunda Guerra Mundial es que la actividad turística internacional comienza su auge, principalmente por el desarrollo de la aviación. En el caso de Mazatlán, de acuerdo con Santamaría (2009), en 1945 un segundo hotel frente al mar iniciaba su construcción, que para 1950 comenzó sus operaciones, el hotel Freeman con 80 habitaciones, de 12 niveles era la torre más alta del noroeste del país y su arquitectura reflejaba la influencia estadounidense.

 

Etapa de desarrollo 1955-1984. A partir de la década de los cincuenta se puede ubicar el inicio de la etapa de desarrollo del sector hotelero gracias a inversión principalmente norteamericana. Después de la apertura del hotel Freeman en Paseo Olas Altas se inicia la construcción en 1955 del primer hotel sobre la línea de playa y marcaba el inicio de una de las zonas turísticas más importantes de este destino, la Zona Dorada, iniciada por el hotel Playa Mazatlán.

 

Adicionalmente, el hotel De Cima en 1957 se situaba sobre avenida del Mar iniciando otra importante zona hotelera, en la que pronto se sumarían hoteles como Aqua Marina, El Dorado, Las Arenas y en 1967 el hotel Hacienda, para este año se tienen registrados 1,300 cuartos de hotel, en su mayoría de primera y segunda categoría, y se registró 65% de ocupación hotelera (Santamaría, 2009).

 

A inicios de la década de los setenta continúa la expansión de la Zona Dorada con hoteles de Gran categoría, tales como el hotel Las Flores, Camino Real, el actualmente conocido como Inn At Mazatlán y El Cid. Para 1972 había 1,885 cuartos y 63% de ocupación, para 1974 3,263 habitaciones y 85% de ocupación. Para finales de 1976 contaba con 137 hoteles de primera y segunda categoría, así como 17 trailer parks con 1,088 espacios (Santamaría, 2005).

 

De acuerdo con los clústers identificados entre 1967-1973 y 1975-1984 se ubica una etapa de desarrollo caracterizados por una demanda creciente de manera sostenida, mientras que la infraestructura hotelera también se encontraba creciendo. En el año de 1974 se encuentra un lapso de desarrollo acelerado donde la demanda superaba de forma significativa a la oferta (Ver figura 1).

 

Etapa de declive. De acuerdo con el análisis de conglomerados, durante los periodos 1985-1987, 1989-2005, 2009-2013 y 2020 se encontró el clúster cuatro, caracterizado por una alta capacidad de cuartos, pero un decremento significativo en la ocupación. Esto es coincidente con los hallazgos de Barbosa y Santamaría (2006) quienes afirman que en la década de los ochenta Mazatlán se encontró en una etapa de estancamiento, posicionado por debajo de competidores como Cancún, Puerto Vallarta y Acapulco en términos de cuartos, estancia promedio y ocupación. La ocupación anual de Cancún reflejó un 81%, Puerto Vallarta un 56%, Acapulco 50% y Mazatlán 49%. La estancia promedio de turistas internacionales fue de 4.6 días para Mazatlán, 5.2 para Cancún, 5.4 en Acapulco y 5.7 en Puerto Vallarta. Esta etapa fue derivada de política turística que favoreció otros destinos de playa, en especial los integralmente planeados (como Cancún y Los Cabos), canalizando recursos federales e inversiones privadas hacia estos desarrollos excluyendo totalmente a los destinos tradicionales ya posicionados.

 

Posteriormente, los autores señalan una etapa de declive desde principios de la década de los noventa y hasta el año 2005 (Barbosa y Santamaría, 2006). En 1992 se presenta una pérdida de proporcionalidad entre las variables de afluencia y población, el incremento de la población afectaba la capacidad de recursos naturales, provocando así problemas económicos, sociales y medioambientales (Barbosa y Santamaría, 2006). Por la disminución en la afluencia se cerraron 250 comercios, detrás de esto estaba el reacomodo en la economía mexicana y severos problemas en la economía estadounidense. El porcentaje de ocupación durante estos años fue en promedio 47% y llegó a presentarse un 37% en su punto más bajo. La oferta de hospedaje también presentó una cuantiosa disminución de 7,992 habitaciones en 1994 a 6,425 en 1997; de 1999 a 2001 hubo una ligera recuperación, pero en los siguientes cinco años de nuevo decrecía hasta 1,606 cuartos.

 

Entre 2009 y 2013 se vivieron diversos sucesos que tuvieron efectos negativos en las llegadas de turismo a Sinaloa y Mazatlán, como repercusiones de política contra la inseguridad (Peinado, 2017) además de una crisis económica global y la pandemia de Influenza H1N1. En 2020 también se encontró un comportamiento como los anteriores, esto derivado de la pandemia por COVID-19, que a partir de marzo de 2020 hubo un cierre total del sector hotelero y posterior reapertura en julio del mismo año.

 

Etapa de Consolidación. Según el análisis de conglomerados el clúster número 1 comprende de los años 1988; 2006-2008; 2014-2019 y 2021-2023. Y se caracteriza por un crecimiento constante en la oferta de hospedaje, así como del porcentaje de ocupación. En 1988 se encontró un 56.5% de ocupación y 7,458 habitaciones, un 3.8 y 4.2 de tasa de crecimiento respecto del año anterior, lo que indica una tasa de crecimiento alta. De acuerdo con Butler (1980) esta etapa indica una importante competitividad del sector. Durante estos años, a decir de los autores (Barbosa y Santamaría, 2006; Santamaría, 2005), Mazatlán se posicionaba como el segundo destino de playa más importante del país después de Acapulco. En esta etapa, a diferencia de la etapa de desarrollo, la tasa de crecimiento se mantiene más estabilizada.

 

De 2006 a 2008 se experimenta un boom inmobiliario, con inversiones iniciales de 600 millones de dólares desde 2005, orientadas al desarrollo de infraestructura que incluye un desarrollo turístico, comercial, deportivo e inmobiliario, con una Marina y campo de golf (Posada, 2006) y solamente en 2007 se señala una inversión de 217 millones de dólares en el sector inmobiliario de Mazatlán, principalmente, ubicado en la zona costera de la ciudad, orientado hacia mercado extranjero de Norteamérica (Lizárraga, 2008).

 

En los siguientes dos periodos, entre 2014-2019 y 2021-2023, se observa cómo el porcentaje de ocupación va aumentando del 50.5% en 2013 a 55.2 en 2014, hasta llegar a 64.1% en 2019. Este aumento en la afluencia derivó de la apertura de la carretera Mazatlán-Durango a finales de 2013, lo que permitió conectar a este destino con mercados del norte y noreste del país. Un gradual aumento también se observa en la oferta de hospedaje, en 2017 se aprecia un repunte con una tasa de crecimiento del 6.1% (SECTUR, 2024), debido a la integración de nuevos centros hoteleros, entre los que destacan Holiday Inn Resort de cinco estrellas, Pacific Tower, Star Palace y Ocean View de tres estrellas, con 164, 148, 120 y 114 habitaciones respectivamente.

 

Posterior a la pandemia de 2020, el porcentaje de ocupación muestra una recuperación importante de 58.1% en 2021, 66.7% en 2022 y 65.8% en 2023, de igual forma, la oferta de cuartos aumentó con una tasa del 1.2 % y 2.3% en los últimos dos años. No obstante, al analizar la evolución de cuartos por categoría (Ver figura 2) y estadía promedio por mercado emisor (Ver figura 3), se advierte de un estancamiento y disminución respectivamente. Los cuartos de 4 y 5 estrellas se vieron estancados hasta 2015 cuando cadenas nacionales e internacionales comenzaron su inserción en el destino, aún así, la categoría más alta constituye el 45% de la oferta total de cuartos para 2023, a diferencia de destinos como Puerto Vallarta y Los Cabos que mantienen un 51% y 76% respectivamente (SECTUR, 2024).

 

Figura 2. Evolución de cuartos por categoría Mazatlán 1996-2023.

Fuente: Elaboración propia con base en Compendio estadístico de turismo en México (SECTUR, 2024).

 

Respecto a la evolución de la estadía promedio, se encontró que ha ido disminuyendo de 3.9 en promedio, con 3.3 para del mercado nacional y 5.5 de internacional en 1992, hasta llegar a las 2.6 noches promedio en 2023, con 2.6 noches para turistas nacionales y 2.9 internacionales, según datos de SECTUR (2024) (Ver figura 3).

 

Figura 3. Evolución de la estadía por mercado emisor Mazatlán 1992-2023

Fuente: Elaboración propia con base en SECTUR (2024).

 

Esto mantiene a Mazatlán como un destino de fin de semana, con una amplia dependencia del mercado nacional con una afluencia del 82% frente a 18% de turismo internacional en 2023. En este indicador Mazatlán se posiciona en el lugar número 16 a nivel nacional por debajo de seis destinos del Caribe, cuatro de la zona de los Cabos, dos de la Riviera Nayarit, Puerto Vallarta, Huatulco e Ixtapa (SECTUR, 2024), lo que implica una pérdida de competitividad frente a otros destinos tanto tradicionales como integralmente planeados.

 

A esto se suma la rápida expansión de la oferta extrahotelera. De acuerdo con diversos autores, de 2005-2010 se construyeron 43 edificios de departamentos en la zona del litoral de Mazatlán (Rodríguez, 2011), principalmente en la zona de Cerritos. Para 2025, Barrios et al. (2025) contabilizaron 135 edificaciones verticales a lo largo de la primera y segunda línea costera, en su mayoría, dirigido al sector de las segundas residencias con enfoque en la rentabilización, además de 43 edificios que actualmente se ofertan como departamentos vacacionales derivado de cambios en la infraestructura tradicional como vivienda, hotel, locales comerciales entre otros, o de adiciones a la edificación, lo que se relaciona con una etapa de declive (Butler, 1980, 2024b; Dorta, 2016; Soares et al., 2012).

 

5. Discusión

Los resultados de este estudio indican que el sector hotelero de Mazatlán ha transitado por diversas etapas del modelo de ciclo de vida, desde involucramiento a inicios de 1920 y desarrollo a mediados de 1950 hasta consolidación y declive, con una intermitencia entre estas etapas desde 1984 hasta 2023. Lo anterior, en línea con la literatura a favor de trayectorias no lineales ni secuencias rígidas (Agarwal, 2002; Butler, 2024b).

 

Investigaciones contemporáneas han demostrado que los destinos pueden experimentar múltiples trayectorias simultáneas dependiendo del subsector analizado (McKercher y Wong, 2021; Navarro-Navarro et al., 2024). En este sentido, el análisis sectorial del hospedaje permite identificar dinámicas que pueden permanecer ocultas cuando el destino se examina de manera agregada, lo que confirma la pertinencia metodológica de delimitar unidades específicas de análisis, como lo propone Haywood (2006).

 

Además, la clasificación del periodo reciente (2021-2023) como consolidación derivada del análisis de conglomerados, debe interpretarse con cautela cuando se consideran otros indicadores relacionados con el sector del hospedaje en el destino. Tal como advierten otros estudios sobre destinos litorales maduros, las fases avanzadas del ciclo de vida pueden presentar simultáneamente señales de estabilidad operativa y desgaste competitivo (Agarwal, 2022; Osorio et al., 2019; Sánchez et al., 2019). En el caso de Mazatlán, la recuperación de la ocupación hotelera posterior a la pandemia refleja una capacidad de resiliencia; sin embargo, la reducción sostenida de la estadía promedio, la limitada proporción de hoteles de alta gama y la expansión acelerada de la oferta extrahotelera sugieren procesos de reconfiguración del sistema turístico local asociado al hospedaje, que son característicos de fases post-estancamiento incluso asociados con un declive (Dorta, 2016; Vera et al., 2011; Soares et al., 2012) por el tipo de impactos que genera en el destino.

 

La literatura internacional señala que el turismo residencial genera impactos sociales, ambientales y económicos en los destinos, mientras que los beneficios se generan a corto plazo para pequeños grupos de la élite dominante (Aledo y Mazón, 2004; Navarro et al., 2025) a eso se le suma que los impactos se acentúan para destinos de la tercera y cuarta periferia ubicados en países latinoamericanos y del Caribe (Navarro et al., 2015). La evidencia en México (Sánchez et al., 2019; Osorio y Bringas, 2017; Osorio et al., 2019;) y en Mazatlán van en línea al documentar alta especulación inmobiliaria, inflación en los precios, gentrificación (Barrios et al., 2025) polarización social, acaparamiento de recursos y erosión en playas (Lizárraga, 2017).

 

En destinos costeros maduros, la expansión del alojamiento residencial y extrahotelero suele consolidarse cuando el sector hotelero tradicional enfrenta presiones competitivas y cambios en las preferencias de los visitantes (Dorta, 2016; Sonda et al., 2018; Osorio et al., 2019) y cuando el modelo tradicional de la hotelería deja de ser negocio altamente rentable para la élite dominante (Navarro et al., 2017). En Mazatlán, el incremento de edificaciones verticales en el litoral sugiere una transición parcial del modelo turístico hacia un esquema híbrido entre destino vacacional y espacio de residencia temporal, fenómeno que puede modificar las dinámicas de ocupación hotelera, la duración de las estancias y los patrones de consumo turístico, pero también impactos socio territoriales que los gestores del destino deben considerar.

 

6. Conclusiones

Este estudio aporta evidencia empírica al debate sobre la aplicabilidad del modelo TALC al analizar el ciclo de vida desde una unidad sectorial específica como es el sector hotelero, mediante un enfoque multivariado basado en análisis de conglomerados y la contrastación con otros indicadores del destino. Esta aproximación responde a las recomendaciones metodológicas de Haywood (2006) y a propuestas recientes que buscan superar las limitaciones de los enfoques univariados tradicionales utilizados en estudios del ciclo de vida de las áreas turísticas (Juárez et al., 2022; Navarro-Navarro et al., 2024) desde un destino maduro de litoral.

 

Los resultados sugieren que, desde la perspectiva operativa del sector hotelero, medida a partir de la ocupación y cuartos disponibles, se identifica una etapa compatible con la consolidación en el periodo más reciente (2021-2023). No obstante, la incorporación de otros indicadores del destino, como la evolución de la estadía promedio, la calidad de la oferta de cuartos y la expansión del desarrollo inmobiliario turístico, permite identificar transformaciones estructurales propias de destinos maduros en etapa de post-estancamiento. Estas dinámicas son consistentes con lo señalado por Hovinen (1982) y Agarwal (1994; 2002) quienes destacan la posibilidad de que distintos componentes del sistema turístico evolucionen a ritmos diferenciados o transiten por fases simultáneas dentro de un mismo destino.

 

Desde el punto de vista metodológico, este estudio demuestra la utilidad del análisis de conglomerados longitudinal para identificar patrones evolutivos del sector hotelero a partir de indicadores operativos como la ocupación y la oferta de cuartos. Sin embargo, los resultados también evidencian que estos indicadores estadísticamente robustos, al contextualizarlos con otros del destino ofrecen una lectura más amplia apara captar transformaciones estructurales del destino. La incorporación de indicadores complementarios como la estadía, la calidad de la oferta y la expansión del alojamiento extrahotelero asociado al desarrollo inmobiliario, permite matizar la interpretación de la etapa identificada, revelando dinámicas que apuntan hacia un proceso de reconfiguración propios de fases de post-estancamiento como es el declive.

 

En términos de gestión turística, estos hallazgos refuerzan la utilidad del modelo TALC propuesto por Richard Butler (1980, 2024b) como herramienta diagnóstica, siempre que se adapte a las especificidades territoriales y a indicadores que reflejen dimensiones más amplias del sistema turístico. Para Mazatlán, ello implica avanzar hacia estrategias de reorientación que fortalezcan la calidad de la oferta, promuevan el incremento de la estadía promedio y gestionen de manera equilibrada la coexistencia de la oferta hotelera y extrahotelera, evitando que las señales de crecimiento en capacidad instalada oculten tendencias hacia un declive estructural.

 

En consecuencia, implicaciones prácticas de este estudio apuntan a una política turística local y estatal que adopte un enfoque integral combinando inversiones en equipamiento hotelero local enfocado a la calidad y sostenibilidad, tomando en consideración aspectos de desarrollo del negocio como del tipo de propiedad, así como regulación efectiva de la oferta no tradicional; lo anterior, para transitar hacia un rejuvenecimiento competitivo y sostenible, en línea con lo propuesto por Butler (2006; 2024b) y Vera et al. (2011), asegurando que el sector hotelero de Mazatlán no sólo mantenga, sino fortalezca su posición dentro del mercado nacional e internacional.

 

Este estudio presenta algunas limitaciones derivadas principalmente de la disponibilidad y naturaleza de los datos utilizados. Al basarse en información estadística secundaria y en indicadores agregados anuales, no captura variaciones estacionales, dinámicas intradestino o diferencias entre segmentos de mercado que podrían ofrecer una visión más detallada de la evolución turística.

 

Asimismo, el análisis se centró en indicadores operativos clave como ocupación, cuartos disponibles, estadía promedio, calidad de los cuartos y oferta extrahotelera, dejando fuera otras dimensiones relevantes como la rentabilidad, el gasto promedio, los niveles de inversión en innovación y sostenibilidad, la percepción de calidad por parte de los visitantes o efectos sociales, ambientales y económicos que podrían complementar la caracterización de cada etapa del ciclo de vida.

 

En este sentido, futuras investigaciones podrían ampliar el análisis mediante enfoques metodológicos mixtos que integren evidencia cuantitativa y cualitativa, incluyendo perspectivas de diferentes actores del destino, como son residentes, visitantes y gestores. Asimismo, resultaría pertinente profundizar en la interacción entre la oferta hotelera y extrahotelera, particularmente en el contexto del crecimiento de modalidad de alojamiento vinculadas al desarrollo inmobiliario, así como sus efectos en los destinos. Finalmente, la realización de estudios comparativos con otros destinos de litoral en México y America Latina permitiría identificar trayectorias comunes de maduración turística, así como estrategias efectivas de renovación que puedan contribuir al desarrollo competitivo y sostenible de destinos consolidados.

 

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